Fue así que -en busca de Osama Bin Laden, cabecilla de la red Al Qaeda, señalado por la autoría de los ataques- Estados Unidos invadió Afganistán en octubre de 2001.
Las tropas del Pentágono se mantuvieron por casi dos décadas en una guerra, la más costosa que tuvieron, y se retiraron de la nación centroasiática en 2021 sin lograr los objetivos: En Afganistán no estaba Bin Laden (apareció 10 años después en Paquistán donde lo mataron fuerzas especiales de Estados Unidos) y los talibanes volvieron al poder.
En nombre de esa propia guerra contra el terror, la Casa Blanca ordenó la invasión a Iraq y destruyó a Libia.
Aunque, al mirar en retrospectiva, hay otros 11 de septiembre que marcan el dolor y la muerte: los 51 años del golpe militar en Chile y el derrocamiento del Gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende.
También un 11 de septiembre, pero en 1980, fue asesinado por terroristas en las mismas calles de Nueva York, el diplomático cubano Félix García.
Por eso Cuba dedica esta fecha al tributo a todos los funcionarios del servicio exterior que ofrendaron sus vidas por defender a la Revolución desde esa trinchera.
El 11 de septiembre de 2001, por primera vez en su historia, Estados Unidos sufrió en carne propia el impacto del terrorismo que ha sido, en muchos casos, un arma al servicio del propio gobierno de este país contra otras naciones del mundo. (PL)











