
Rafaela Valerino /Siempre con Cuba–. Es marzo de 1986 y sobre el pecho del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz es impuesta la Medalla de Héroe de la República Popular Democrática de Corea, junto a la Medalla de la Estrella de Oro y la Orden de la Bandera Nacional de Primera Clase de esa nación. Las manos del presidente-amigo y líder del pueblo coreano, Kim Il Sung, son firmes al colocar el más importante título honorífico que su gobierno otorga a los amigos. Allí se condecoraba no solo a un hombre, se condecoraba a todo un pueblo. Su modestia brotaba en cada una de sus palabras: «No vengo a recibir homenajes; vengo a rendir homenaje al pueblo de Corea y a su gloriosa y combativa historia».
Por muchos años había sido muy esperado el encuentro entre Fidel Castro y Kim Il Sung, dos hombres de batallas y victorias; líderes de sus pueblos que entraron a la historia por el camino que solo los grandes escogen: el camino de la libertad de sus naciones. Y Fidel lo expresó allí con gran emoción:
«Quisiera decir, ante todo, que visitar este heroico y revolucionario país, conocer personalmente a su gran líder, el presidente Kim Il Sung, a quien nos unen tan estrechos lazos de afecto y admiración, entrar en contacto directo con el abnegado y fraterno pueblo coreano, era un propósito firme sostenido largo tiempo. En medio de la tensa lucha en que está enfrascada nuestra patria, durante muchos años hemos esperado esta oportunidad».
La bienvenida a la delegación cubana encabezada por su máximo dirigente, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, es inolvidable, entre flores y pioneros, canciones y ovaciones a Cuba y su líder. Pyongyang se llena de colorido también por los trajes de las hermosas mujeres coreanas y los uniformes escolares. Fidel es un símbolo de amistad, de amor, de solidaridad, y ahora recorre las calles con la delegación que lo acompaña. «Yo no tengo realmente palabras para describir los sentimientos que experimentábamos a nuestra llegada a Pyongyang, ante la calurosa bienvenida y la extraordinaria demostración popular en el aeropuerto y en las calles».
Recuerdo las palabras de Fidel durante el recibimiento a la delegación. «Llegamos a Corea movidos por un profundo interés político; deseamos también apreciar su original y milenaria cultura, y aspiramos a conocer al máximo las admirables realizaciones de este pueblo y sus experiencias revolucionarias. (…) estamos seguros de que nuestros contactos, nuestras conversaciones con el querido presidente Kim Il Sung y con nuestros hermanos coreanos, darán un nuevo impulso a nuestra amistad, a nuestro conocimiento recíproco, a la cooperación y a la solidaridad entre ambos partidos, estados y pueblos». Su discurso fue interrumpido muchas veces por los aplausos de los presentes.
Fidel admiró cada sitio visitado, cada fábrica, cada escuela; sus intercambios con el pueblo, los trabajadores, los niños en el Palacio de Pioneros porque demostraban la obra de la Revolución coreana, el coraje y la capacidad creadora de su pueblo, y el talento y a calidad humana de su gran líder y sabio conductor, el Presidente Kim Il Sung por lo que nunca olvidaría las conversaciones con él, «tan sinceras, tan amistosas, tan profundas, que demuestran nuestra identidad de criterios sobre los problemas más candentes de la vida internacional. (…). Este encuentro nos ha permitido conocer y admirar todavía mejor su sabiduría y su fecunda experiencia».
Si algo pueden tener por seguro los jóvenes en la hermana nación coreana, es que Cuba continuará apoyando la reunificación pacífica y sin injerencia extranjera de la península coreana, y mantendrá por siempre sus expresiones de amistad y solidaridad hacia el pueblo, gobierno y el Partido del Trabajo de Corea como en estos 60 años. Así nos enseñó Fidel y lo dijo a los hermanos coreanos hace 35 años: «Todo parece distanciar a Corea y a Cuba. Nos separan miles de kilómetros. Cuando en nuestro país comienza el día, en Corea reina ya la noche; cuando este país amigo está cubierto de nieve, verdea perennemente nuestra tierra y, sin embargo, Corea y Cuba están profundamente hermanadas (APLAUSOS). Nos unen, queridos compañeros, nuestros sueños comunes y nos unen también la cercanía y la amenaza de un enemigo común».
En este 2021 tenemos muchos motivos para mantenernos unidos los coreanos y cubanos para conmemorar el 110 del natalicio del líder Kim Il Sung y el 95 cumpleaños del Comandante Fidel Castro; al aniversario 80 del nacimiento de Kim Jong Il y la primera década de su muerte, en 2011; así como al primer lustro de la desaparición física de Fidel. Cada ocasión tendrá homenajes de los miembros y representantes de los Centros de Amistad del Comité Cubano de Apoyo a la Reunificación de Corea (CCARC), que el venidero 16 de junio arriba a sus 45 años de fundado, al lado de los hermanos coreanos divulgando sus triunfos, como lo hiciera Fidel en 1986: «Lo que hemos visto aquí en Corea, los éxitos de este pueblo admirable, fortalecen nuestra profunda convicción de que nada podrá cambiar la marcha de la historia. ¡El futuro no pertenece a los reaccionarios, ni a los imperialistas, ni a los racistas, ni a los fascistas! (APLAUSOS) ¡El futuro pertenece a la independencia de los pueblos, al progreso, a la paz, al socialismo y al internacionalismo!».
Hace 35 años en Pyongyang, en la República Popular Democrática de Corea, también vibró nuestra esperanza. Y Fidel hizo que la noche terminara con la más convincente expresión de un pueblo, a pesar de los colosales desafíos de los tiempos presentes y futuros, a pesar de los obstáculos que aparezcan en el camino hacia lo posible, a pesar de quienes se opongan a la verdad y a la vida: «… permítanme repetir aquí, como si estuviera en nuestra propia patria, la consigna que nos ha acompañado a lo largo de todos estos años de lucha, triunfos y esperanzas: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!










