Ante la agresión de Playa Girón, adoptó medidas urgentes para proteger a la población, las tropas y los principales objetivos militares y económicos. Igualmente, durante la Crisis de Octubre no claudicó ante la amenaza nuclear, sino que reafirmó sin titubear la postura de la Revolución.
Por otra parte, estar al lado de las masas en circunstancias de catástrofe engrandece la estima de su pueblo. Así lo mostró durante el paso del ciclón Flora en 1963, cuando estuvo todo el tiempo al frente de las operaciones de auxilio a los damnificados y procuró llegar al lugar de mayor peligro.
Su presencia ante los eventos de agosto de 1994 constituyó otro impacto. Junto al pueblo salió al paso a los contrarrevolucionarios que, pagados por Estados Unidos, crearon disturbios en las principales calles de La Habana.
En una comparecencia ante la Televisión Cubana y las ondas internacionales de Radio Habana Cuba afirmó: «Aun a riesgo de que me pudiera ganar algunas críticas yo consideré mi deber ir donde se estaban produciendo esos desórdenes. Si realmente estaban lanzando algunas piedras y había algunos disparos yo quería también recibir mi cuota de piedras y disparos».
A 99 años de su natalicio, el líder histórico de la Revolución Cubana continúa siendo un símbolo internacional de resistencia y valentía ante todos los peligros.
Así quedó patentado en las palabras que dirigió a George W. Bush durante su mandato en la presidencia estadounidense: «Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: ‘Salve César, los que van a morir te saludan’. Solo lamento no poder siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea de combate para morir combatiendo en defensa de mi Patria» (pL)











