Homenaje a Arnaldo Barrón, inolvidable patriota cubano

Con profundo pesar conocimos en el ICAP el reciente fallecimiento del valeroso revolucionario, ejemplar patriota, Arnaldo Barrón (1924-2024), cuya sacrificada vida de 100 años es una reverencia a la humildad, a las luchas incansables por la justicia, a la fidelidad y estremecedoras evocaciones de Fidel, de quien afirmó: “era un gigante defensor de todos, su moral es la más grande que he conocido, porque es la moral de un pueblo que no ha podido ser vencido ni destruido”.

En modesto homenaje a este gran hombre, reproducimos una entrevista realizada por Siempre con Cuba/ICAP en julio del año 2012, cuando viajó a La Habana donde recibiría la Medalla de la Amistad. El texto nos acerca a su historia, personalidad, sentimientos y reflexiones; a una vida que se hace eterna por sus enseñanzas; a un cubano desbordado de nobleza que sembró en quienes lo conocieron imborrables recuerdos, admiración y amor.

Arnaldo Barrón: UN ACTO DE JUSTICIA

 2012. Entrevista a Arnaldo Barrón, líder del Comité Ortodoxo adherido al 26 de Julio, fundado en Nueva York en 1955

Iliana García Giraldino (Siempre con Cuba)

La noticia del asalto al cuartel Moncada la escuchó mientras navegaba. Aquel cubano, por entonces marinero, comenzaría a tejer en esos momentos una sorprendente y hermosa historia, más desconocida que divulgada, guardada con humildad, desbordada de amor y lealtad a Fidel y a la Revolución.

Parecería que Arnaldo Barrón, mientras oteaba el horizonte desde la embarcación, vislumbró el futuro de su patria, por el que entregaría la vida, sin esperar nada a cambio, por convicción, ética y elevado sentido del deber. Pero nunca imaginó que tras casi 60 años sería sorprendido por un hecho, también en el mes de julio pero del año 2012, convertido él en protagonista. Sería sencillamente un acto de justicia, como afirmara Ricardo Alarcón (1937-2022).

Barrón, como todos han llamado siempre al hoy octogenario revolucionario, líder del Comité Ortodoxo en la emigración y radicado en Nueva York, supo de la existencia de Fidel cuando encabezó el 26 de Julio de 1953 el ataque a la segunda fortaleza de la tiranía de Fulgencio Batista.

“Inmediatamente comprendí que la única posibilidad que quedaba para poder tumbar a la dictadura de criminales de Batista era un hecho bélico, era necesario, para que creciera el árbol de la decencia y de la moral, esa era la forma, había que tumbar a la dictadura. Al conocer del ataque me sentí no como compañero de los que asaltaron el Moncada sino como hermano de ellos…”

Relata Barrón que cuando Fidel sale de la cárcel en Isla de Pinos el Comité Ortodoxo envía a un emisario a La Habana, Antonio González Jaime, “para que hiciera contacto con los muchachos del 26 de julio y poder comunicarnos con Fidel en México”.

Después recibió una carta de Jesús Montané quien le informa que Fidel aceptaba ir a Nueva York a encontrarse con los emigrados cubanos, pero decía que era necesario un lugar para él y Juan Manuel Márquez, para hacer un recorrido por ciudades de Estados Unidos.  “Mi mujer, que también pertenecía al ejecutivo del movimiento ortodoxo, decide que sea su casa, 208 West de la calle 88 Manhattan. Ella tuvo que irse con mis dos hijos a vivir con su mamá. Nuestra casa era la de Fidel, para entrar y salir cuando quisiera, regresar a las dos, a las tres de la mañana, él tenía las llaves… hizo un recorrido como el de José Martí… dio el mitin del Palm Garden…”

“En ese acto el compañero Juan Manuel Márquez habló de la necesidad del aporte económico que hiciéramos nosotros para el movimiento del 26 de julio en Cuba. Fidel en su oratoria aclaraba  que no se aceptaba la ayuda de quienes se habían robado el dinero de tesoro público.  Se mantuvo eso en pie, no aceptábamos dinero mal habido, y los malversadores tendrían que responder por eso mañana. Esta Revolución que está en el poder no se hizo con dinero de los ladrones, sino con el sudor de la gente que lo ganaba trabajando”.

Con voz serena, pausada y evocadora, recuerda:

El Comité Ortodoxo adherido al 26 de Julio fue fundado en Nueva York en el año 1955 por el compañero Fidel Castro Ruz, Juan Manuel Márquez, Arnaldo Barrón y un tal… que no vale la pena mencionar…”

La situación en la emigración era complicada. Estaban los patriotas honestos y también hipócritas y ambiciosos politiqueros. “Fidel decidió que nos uniéramos, olvidáramos las distancias que nos separaban, y nos concentráramos en luchar para tumbar a la dictadura que era el objetivo principal, para organizar después lo que se merecía el pueblo de Cuba”.

En este proceso de organizar la lucha yo era el que organizaba los mítines de protesta, iniciaba las protestas ya que los otros dos grupos no iniciaban nada porque representaban a partidos políticos y uno era el de Prío, y para mi Prío fue un cobarde, un ladrón, un individuo entregado a la droga, era un oportunista, y como ellos representaban esos intereses yo no podía, de verdad….

Cuando Fidel ya se lanza en la Sierra… ahí fue donde lo “mataron” por primera vez… una señora me llama a las tres de la mañana y me dice ¡Ay Barrón mataron a Fidel”. Yo no tenía noticias de Cuba pero le respondo con seguridad “eso es mentira, venga para mi casa, son noticias de los periódicos”, y al día siguiente se organizó un acto en un hotel en la galería de Brodway y novena avenida. Ahí se da el primer acto organizado por el 26 de julio, por el Comité Ortodoxo, nosotros éramos representantes del 26.

Hay que unir decía Fidel

Fidel nos había dado orientaciones de que no podíamos tener asperezas y dar la imagen pública de que había diferencias. Decía: hay que unir, hay que tener mucho cuidado porque tenemos que demostrar que el pueblo está unido y dejar aparte otras cuestiones que después se pueden resolver y no ahora, porque para luchar hace falta la unidad.

Después aparecieron las diferencias y hubo que ponerse duro en eso porque se llegó a constituir un comité, y lo hicieron los políticos, aquella gente que aspiraba a llegar a Cuba para tumbar a Batista y ser peor que él, para seguir robándose el dinero de la educación y que siguieran los guajiros viviendo en bohíos sin medicina, sin zapatos…

Yo hablo con la verdad. Sí, cometí errores, errores que había que cometer. Ese Comité lo dirigía un señor llamado Mario Llerena, estaba el señor Urrutia. Ya inclusive se habían repartido la Secretaría de Estado de Comercio, ya estaba repartido por Urrutia a quien yo hice dos visitas: una cuando llegó a Nueva York, para conocerlo. Le manifesté que nosotros aceptábamos la designación que había hecho Fidel de que él fuera  el Presidente de la República y si necesitaba cualquier cosa… En la segunda entrevista que tuve con él le manifesté que yo personalmente creía que él no iba a tener el carácter para lo que se estaba luchando, ¿y sabe lo que me contestó? “Mira Barrón, una cosa es aquí y otra cosa es cuando yo sea presidente. Cuando yo sea presidente… pregúntale a Esperanza mi señora si yo tengo carácter o no”. ¡Qué expresión es esa!

Ante propuestas de unión con otros grupos en el exilio expresé: es un gran placer para mi poder conversar con ustedes pero yo no estoy autorizado ni moral ni revolucionariamente a unirme a aquellos que son los causantes del derramamiento de sangre. Además personalmente yo no puedo traicionar a mis compañeros muertos en batalla porque todo el que muere defendiendo la libertad es mi hermano, el Comité Ortodoxo no va a unirse a los pillos.

Era un grupo que quería destruir a Fidel antes de que llegara a La Habana, a mí me querían fusilar. Y ratifiqué: yo no puedo firmar. El Comité Ortodoxo hubiera perdido su moral. ¿Traicionar a Fidel que está en la Sierra luchando y yo en el exilio haciendo pactos con gente que preparaban la destrucción de Fidel?, ¡Nunca!

De la expedición del Orión y la huelga de hambre

La expedición del Orión se produce después de enviarle un mensaje a Fidel en la Sierra. Le pregunté si estaba recibiendo ayuda de Miami. Me responde que él no había recibido hasta ese momento del mensaje, ni una bala ni un fusil de nadie del exilio, incluido nosotros. Entonces me pide ciertos materiales. Ya nosotros estábamos organizándonos para una expedición fidelista del  Movimiento 26 de julio desde EE.UU. Porque otros grupos organizaban expediciones pero no eran fidelistas, estaban en contra de la dictadura, pero esta era del 26 de julio.

Se obtienen armas. En México consiguen algunas las hermanas de Fidel y otras nosotros en otros lugares. Logramos salir del puerto de Matamoros, Texas. Cuando estamos fuera a ocho millas de tierra, nos detiene un guardacostas de EE.UU. y nos regresa. Después en el muelle, cuando están desembarcando las armas, pensamos para contrarrestar esa derrota hacer una huelga de hambre con el objetivo de que el Senado y la Cámara de Estados Unidos suspendiera inmediatamente el envío de armas a la dictadura de Batista.

Entonces nos llevan a la cárcel, nos declaramos en huelga de hambre, y las autoridades allí para romper la huelga separan a los dirigentes en diferentes cárceles. A las tres de la mañana me separaron a mí y me llevaban por la carretera encadenado que parecía un león, por lo que me pusieron en los pies, la garganta y la  cintura, me metieron un carro, con un silencio, y me ofrecieron un cigarrillo y dije yo no quiero cigarrillos yo fumo tabaco, no les acepté tabaco, cigarrillo ni nada, hasta que me metieron en una celda y me sirvieron un plato de comida y me lo pasaron por debajo de la reja, y allí se quedó, se pudrió aquello, porque nosotros estábamos en huelga de hambre.

Al día siguiente me pasaron a un cuartito donde estaba el alcalde de la prisión y allí estuve hablando con este señor. Un día llega un periodista y me dice: Barrón ¿usted sabe lo que está haciendo? Si se muere uno de sus expedicionarios la responsabilidad es suya. Respondí: mire los expedicionarios y el que le habla sabemos las responsabilidades que tenemos, esta huelga es hasta morirse, o ustedes o nosotros, y esa pregunta que me está haciendo hágasela al Congreso y la Cámara. Si no suspenden envío de armas a Cuba, entonces yo muero. A los siete días me llaman por teléfono a la cárcel y me dicen que la huelga de hambre se puede romper porque ya el Congreso aceptó suspender el envío de armas.

Entonces a esperar a que nos celebraran el juicio. La huelga duró siete días, y en esos días se mantenía el tema en la televisión, y se extendió la huelga, hubo grupos en huelga de hambre en Chicago, La Florida, Tampa, Cayo Hueso y en Nueva York, incluso fuera de EE.UU, se sumaron en Francia e Italia…

El juez me llama y me dice señor Barrón ¿quiere un refresco o un sándwich?, “ voy a aceptarle el refresco” pero cuando llega le digo “me va a perdonar pero no voy a tomar ningún refresco, me lo tomaré con mis compañeros…” En otro momento el juez me pregunta: ¿Cómo usted que es ciudadano americano, no es más cubano, cómo se ha metido en el problema de Cuba si usted es americano? Señor juez, le respondí, usted sabe que el hombre cuando se casa, esa señora con quien se casa y desde el momento en que se casa, es la madre, la hija, es todo ya para él, pero señor juez, el hombre que se casa si por el hecho de estar casado, se olvida de su madre, pues no va a ser buen esposo, ni buen hijo ni buen hermano. ¿Cómo Ud. cree que yo voy a ser un buen ciudadano americano si me olvido de la madre y mis raíces? Mis raíces son cubanas, y para ser buen americano tengo primero que pensar en mi madre, que es la Patria.

Después llega el momento del juicio, y le dan la libertad a varios de los expedicionarios y mantienen presos a los dirigentes. El juez me llama: señor Barrón, voy a confesarle que su persona me ha impresionado dos veces, una cuando el refresco que prefirió tomar con sus compañeros y la otra con esa respuesta (como ser buen ciudadano…). El juez indica que por cuestiones de las leyes me tenía que condenar y lo iba a determinar a cinco años de prisión pero como yo no tenía antecedentes me iba a dar los cinco años bajo palabra.

Después de eso viene el juicio de Washington donde se me acusa de que era un agente extranjero del movimiento de la Revolución Cubana y no había llenado los papeles para informar de mis actividades. Yo nunca informé que era “agente” les argumentaba: nací en Cuba y simpatizo con esa Revolución y tengo que ayudarla.

De nuevo a Cuba y un homenaje

Mi señora y mis hijos me insistían siempre, antes de esta visita a La Habana, ¿Cuándo vamos a ir a Cuba? ¡Vamos para Cuba a disfrutar unas vacaciones!, y debido a mi estado de salud, y el de mi señora, prefería esperar. Pero La Casa de las Américas (institución muy conocida en Estados Unidos en la lucha contra los que se oponen al progreso de la Isla de Cuba) preguntaba ¿Cuándo vas a Cuba? ¡Anímate! Yo siempre decía que esperaran, que no era el momento todavía…

 Un día me llaman Nancy y Franklin, y me dicen “te vamos a dar un homenaje, queremos saber si lo aceptas”, y accedí porque confío mucho en ellos. Entonces disparan “el homenaje va a ser en La Habana”. Salto y casi grito ¡No, no, no!, ¿ir a Cuba ahora? nosotros no estamos en condiciones físicas para el viaje. “Vamos”, repite Gloria, y yo “¡No, no, no!”. Entonces Nancy y Gloria silenciosamente hicieron los preparativos. No me quedó más remedio que aceptar, porque donde manda capitán no manda marinero.

Yo tenía muchos deseos de venir a Cuba, hicieron los arreglos y aquí estoy. Después me explicaron el procedimiento como era, que el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) nos iba a dar todas las atenciones que hemos tenido, más de las que merecemos, se han pasado en ese aspecto. Y nosotros nos sentimos muy orgullosos de sus atenciones, lo digo de corazón, y esperamos que esta no sea la última vez que mi mujer, mis hijos y yo tengamos la posibilidad de conocer la tierra donde nací.

Mis hijos conocen la historia de su papá. Sin yo inculcárselo, sin pedirles que sigan mis ideas, ellos tienen la misma actitud que yo en cuanto a la moral y el respeto que merece el pueblo de Cuba. Están a favor de las causas de los cubanos. Toda esta visita ha sido maravillosa.

La familia ha crecido y yo tengo dos nietos y dos nietas, las nietas no tanto, pero los dos nietos también defienden la moral del pueblo de Cuba, y defienden con mucha fuerza la moral, la causa de la revolución Cubana. ¡Imagínese Ud. como nos podemos sentir Gloria y yo de esa familia que hemos procreado!.

Yo tengo en mi casa documentación de todo lo que pasó en el exilio, las broncas, las cartas que recibía a favor y en contra. Menos los originales de las cartas de Fidel, yo doy las copias, los originales se quedan en casa.

Yo estoy viejuco ya, me falta la visión, mi señora me ayuda mucho en eso pero como ella no tiene un conocimiento profundo de la correspondencia, de quien es este, quien es aquel…

La moral de Fidel es la más grande que he conocido

Barrón no puede contener los sollozos cuando evoca al líder de la Revolución:

Yo no esperaba este homenaje en Cuba. Me hablaban de la condecoración que me iban a dar, la Medalla de la Amistad, y pensé gozar un poquito de esta estadía en mi tierra. Yo me crié en La Habana aunque nací en Camagüey, soy de la tierra de Ignacio Agramonte y mi abuelo fue mambí… Muchas personas allá me insistían “tú eres una historia anónima, eres un hombre que tienes una historia pero estás anónimo”…

Yo quería tener un encuentro con Fidel porque todos tenemos ansias de verlo, cinco o 10 minutos, de verlo, de palparlo…

En una ocasión me llaman dos señores y me dicen ¿qué te ha dado Fidel? Bueno, Fidel no tenía que darme nada ni me ofreció nada nunca, pero me ha dado más de lo que yo quería: la Reforma Agraria; la educación de mi pueblo; la Reforma Urbana…

Cuando Fidel estuvo en Washington, en la primera visita de Fidel a EE.UU. después de 1959, Gloria y yo apoyamos la seguridad del Comandante. A Fidel le hicieron una pregunta, una viejita le dijo señor ministro -esa señora traía el perico en la lengua-, ¿qué haría Ud. y a favor de qué lado estaría en caso de que surja un conflicto entre Rusia y Estados Unidos? La respuesta fue: Mire, primeramente vamos a esperar a que eso suceda, hasta el momento no tengo que tomar decisiones de ese tipo, se entiende que Cuba es un país muy amistoso con la nación americana,  por primera vez llega aquí una personalidad gubernamental que no viene a pedir ayuda económica, ni dinero, ni nada por el estilo, viene a pedir respeto mutuo y soberano para el pueblo de Cuba que le brinda a ustedes las facilidades de ir a nuestra nación, a disfrutar de las palmas, de las playas, pero no venimos aquí a pedir ayuda económica.

Del primer encuentro

Y continúa Barrón:

Cuando conocí a Fidel personalmente, encontré a un gigante defensor de todos, su moral es la más grande que he conocido, porque es la moral de un pueblo que no ha podido ser vencido ni destruido por más poder que los imperios tengan en el mundo. No han podido jamás destruir esa moral de gigante de Fidel.  Eso fue lo que me guió y me sigue guiando, porque Fidel es el defensor número uno de los ideales de la República de Cuba…  La moral de Fidel no la destruye nadie porque está constituida por un pueblo que cree. Nosotros, muertos y en la caja en la tierra, espiritualmente vamos a seguir defendiendo desde la tumba y hasta la eternidad la moral de Fidel y de la Revolución Cubana, que es la del pueblo cubano.

Yo tengo contacto con Fidel todos los días. A veces sueño con Fidel y con cosas de Revolución, y cuando despierto estoy en la sala de mi casa. Me siento muy orgulloso de la Revolución, que es parte de mi vida. Por eso afirmo que estoy en contacto con Fidel todos los días.

Si me encontrara con el comandante le diría: mi hermano, no te he fallado ni te fallaré…

Parte inseparable de nuestra historia

El político, diplomático e intelectual revolucionario cubano Ricardo Alarcón (1937-2022), en el acto de condecoración con la Medalla de la Amistad a Arnaldo Barrón, en La Habana, en julio de 2012: 

(…) En el caso del compañero Arnaldo se trata de un cubano que no solamente nació en este país y es parte de nuestro pueblo, sino que es parte inseparable de nuestra historia. Quizás de una parte de las menos conocidas.

Barrón es un combatiente revolucionario cubano de la vieja guardia, diríamos, y lo hizo además en condiciones y circunstancias que no eran nada fáciles.

(…) Él representa algo que también es muy importante para los cubanos que asumamos. Si hay un sector de nuestra población que ha sido distorsionado, que ha sido falsificado en  la imagen que los medios de comunicación han creado con respecto a él, es la emigración cubana.

(…) Barrón tuvo que liberar una lucha muy poco conocida, muy ocultada, para recolectar armas para organizar expediciones, para seguir ese camino que desde el Padre de la Patria siguió lo mejor de la emigración cubana, y tuvo que hacerlo enfrentando a quienes actuarían desde entonces como freno al proceso revolucionario.

(…) Honrar, honra, dijo Martí, pero honrar es también un deber de gratitud para quienes no deberían jamás olvidar que si hemos llegado hasta aquí en esta larga marcha, es porque mucha gente sacrificó sus vidas a lo largo del camino, y entre ellas está este queridísimo compañero y hermano, Arnaldo Barrón.

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