Honduras: Una elección marcada por la abstención y la injerencia foránea

Foto: Diario Red.

Los comicios generales del domingo en Honduras dejaron un panorama de incertidumbre y una profunda reflexión sobre el estado de la democracia en el país centroamericano. Una participación electoral históricamente baja, que no alcanzó el 43%, evidenció el desencanto de la población con una clase política que parece retornar al bipartidismo tradicional, mientras actores externos ejercieron una influencia palpable en el proceso.

Los primeros resultados oficiales muestran una ajustada carrera entre el nacionalista Nasry “Tito” Asfura y el liberal Salvador Nasralla, relegando a un distante tercer lugar a la candidata oficialista Rixi Moncada, del partido Libertad y Refundación (Libre). Este escenario supone un vuelco político, alejando la posibilidad de que Honduras consolidara una secuencia de gobiernos progresistas y, en su lugar, apunta a un regreso de las fuerzas tradicionales.

Una jornada de desmovilización y conteo lento

La autoridad electoral confirmó una abstención masiva. De 6.52 millones de hondureños habilitados para votar, solo alrededor de 2.8 millones ejercieron su derecho. Este dato, más allá de lo técnico, es un reflejo de la desconfianza ciudadana hacia las instituciones y del fracaso de los actores políticos en motivar a la población.

El primer corte del Consejo Nacional Electoral (CNE), con poco más del 34% de las actas escrutadas, ubicó a Asfura con el 40.5% de los votos y a Nasralla con el 39.0%. La candidata de Libre, Rixi Moncada, obtuvo un 19.5%, un resultado muy por debajo de las proyecciones de las encuestas. El conteo total, que incluye actas de zonas rurales donde Libre tiene mayor fuerza, podría extenderse por días, manteniendo la incertidumbre.

El proceso estuvo marcado por una inusual y abierta injerencia de figuras de la derecha internacional. Días antes de la votación, el  presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó un mensaje en su red social Truth Social con un llamado explícito: “Nasry Asfura es el único que puede poner fin a la izquierda”.

Esta declaración fue replicada de inmediato por el candidato nacionalista, por cuentas afines a su partido y por influyentes de la región. El presidente de Argentina, Javier Milei, y el empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego, entre otros, emitieron mensajes en la misma línea. La estrategia, que replicó el patrón utilizado en las pasadas elecciones argentinas, buscó galvanizar el “voto útil” contra la izquierda, especialmente en los sectores más conservadores y en la diáspora hondureña en Estados Unidos.

El fracaso estruendoso de las encuestas

Un elemento que ha generado intenso debate es el colosal error de las firmas encuestadoras. La mayoría de sondeos publicados hasta el viernes anterior a la elección ubicaban a Rixi Moncada con una intención de voto entre el 32% y el 38%, algunos incluso le otorgaban un techo del 41%. Los resultados reales, sin embargo, la sitúan a casi 20 puntos porcentuales por debajo de esas proyecciones.

Este fallo no es solo metodológico, sino estructural. Pone en evidencia la dependencia de sectores de la izquierda latinoamericana hacia una industria consultora que opera con lógicas de mercado, y cuyo diagnóstico erróneo desorienta a las campañas y a las bases. La derrota, en estos casos, no es solo electoral, sino también de credibilidad.

La noche del domingo se caracterizó por un notable silencio de la cúpula de Libre. Frente a la euforia contenida en los campamentos opositores, la militancia oficialista esperó sin éxito directrices claras de sus líderes. La candidata Moncada pospuso sus declaraciones hasta el mediodía del lunes, mientras el expresidente Manuel Zelaya, figura clave del partido, se limitó a señalar en la red X: “Hay que esperar el 100% de las actas”.

Este vacío comunicacional dejó en la incertidumbre a candidatos a diputados y alcaldes que peleaban resultados ajustados, y a una base histórica que resistió el golpe de Estado de 2009 y los gobiernos posteriores. El desafío para Libre no es solo transitar a la oposición, sino emprender una profunda autocrítica y reorganización para no fracturarse.

El regreso del pasado

Un eventual gobierno de Nasry Asfura conllevaría implicaciones profundas. Se activan de inmediato las especulaciones sobre el posible retorno al país del expresidente Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por narcotráfico en Estados Unidos. Fuentes nacionalistas ya hablan de “revisar el caso”, lo que podría significar un intento por revertir la extradición y reivindicar su figura, enviando un mensaje contradictorio sobre la lucha anticorrupción.

Simbológicamente, se desvanece la posibilidad de que Honduras consolidara un ciclo de liderazgo femenino progresista en la región, con Xiomara Castro seguida por Rixi Moncada. La decisión del electorado, en un marco de alta abstención, parece inclinarse por un retorno a los nombres y partidos del establishment tradicional, planteando interrogantes sobre el futuro de las agendas de transformación social en el país.

Tomado de Cubadebate (Con información de Diario Red)

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