La solidaridad es infinita

Así lo afirma el amigo etíope Yibrah Mehari en entrevista para Siempre con Cuba

Miles de niños y adolescentes etíopes comenzaban a llegar a Cuba en 1978 para formarse en centros educacionales. Hijos de combatientes o huérfanos por la guerra contra el agresor externo sentían incertidumbre, ansiedad, nostalgia y expectativa por un viaje de más de 12 mil 400 km a un pequeño país.

Con tan solo 14 años Yibrah Mehari era uno de ellos. Ante sus ojos aparecían nuevos lugares, otros paisajes, un idioma y personas desconocidas, lo cual hubiese sido un peso abrumador e insostenible sin el cálido y amoroso recibimiento que le brindaron los cubanos.

Al recordar esos momentos, Yibrah relata que desde el mismo arribo se desvanecieron la angustia y el desasosiego porque “me sentí de inmediato como en casa ¡tanto era el cariño y la dedicación de los maestros y de todos los que nos atendían!, nos daban la bienvenida, nos abrazaban…”

Y así, rodeado de afecto, cordialidad y hermandad, aquel jovencito cursó los niveles de secundaria y preuniversitario en la Isla de la Juventud; aprendió el español; a conocer a los cubanos, su historia, cultura y costumbres; a quererlos como familia compartiendo dificultades, sueños y esperanzas.

Recuerda que los primeros dos grandes grupos de becarios etíopes llegaron por mar, luego de sendas travesías en la nave “África-Cuba”, desembarcos en La Habana y continuación de la ruta marítima hasta Nueva Gerona. “En mi caso viajé en avión, a todos nos distribuyeron en cuatro escuelas en la Isla de la juventud. Yo estaba en la secundaria básica en el campo “Karamarra No. 16” y después en el preuniversitario No. 21.”

Yibrah evoca con tierna simpatía esos años, a sus compañeros, a los amigos cubanos, los albergues, las aulas, los profesores, la Sala de Arte que hacían funcionar los alumnos, sobre todo quienes gustaban de pintar como a él…

“Nunca me sentí extranjero, llevo a esta isla en el corazón. A los demás becarios les pasó igual…fueron tantas las enseñanzas, la camaradería y la solidaridad que jamás nos hemos sentido desvinculados de Cuba, nos gusta llamarnos “etiocubanos”, es eterna nuestra gratitud”, subrayaba en reciente visita al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

Con una iluminada sonrisa, Yibrah rememora sus estudios universitarios en la Universidad de Camagüey, donde se convirtió en arquitecto. Días atrás había recorrido ese centro, las aulas, el dormitorio y las áreas que solía visitar. Conversó con compañeros y profesores de entonces. “Estaba muy emocionado, la pasamos bien, recordando el pasado”, comentaba.

Pero en la conversación se constata que la relación de aquellos niños y jóvenes con Cuba – terminaron sus estudios más de cinco mil- ha continuado con la creación, funcionamiento y consolidación de la Asociación de Amistad entre los Pueblos de Etiopía y Cuba, integrada por graduados en el país caribeño la cual forma parte del Movimiento de Solidaridad con Cuba en esa nación del cuerno africano.

Yibrah fue el primer presidente de la Asociación, partícipe de expresiones de solidaridad como la realización en diciembre de 2016 de uno de los mayores actos de homenaje en el exterior por el fallecimiento del Comandante en Jefe Fidel Castro, líder de la ayuda internacionalista.

Las muestras de dolor de los etio-cubanos expresaban profunda gratitud por la formación de miles de jóvenes en centros educacionales cubanos, y por la solidaridad de soldados y colaboradores internacionalistas.

“Es inolvidable aquel conmovedor tributo a Fidel, todos querían participar, algunos compañeros viajaron hasta más de mil kilómetros para estar presentes”, señala Yibrah, quien precisamente fuera diseñador del Parque Memorial a la Amistad entre Etiopía y Cuba, donde tuvo lugar el acto.

Cuenta con entusiasmo de las numerosas iniciativas de la Asociación y sus grupos de amistad –algunos en otras naciones- y las celebraciones de los aniversarios de la llegada de los estudiantes etíopes a Cuba, en cuyos preparativos ha aportado numerosas horas.

Al cumplirse en 2018 los 40 años los etio-cubanos organizaron en Addis Abeba una gran reunión a la que invitaron a profesores y condiscípulos de sus tiempos de becarios en Cuba. También se han sumado envíos de donativos a la Isla.

Tres años después circulaba una declaración: “Desde África, un continente que debe mucho a la Revolución de Cuba, a su líder eterno Fidel Castro y a millones de cubanos, la Asociación de Amistad entre los Pueblos de Etiopía y Cuba levanta la voz para respaldar el derecho de ese gran país a gestionar sus asuntos sin la injerencia de otras naciones u organizaciones internacionales.

“(…) En medio del recrudecimiento del bloqueo y la campaña mediática contra nuestra segunda patria, los etíopes formados bajo el sistema educacional cubano reiteramos nuestro apoyo a la soberanía, autodeterminación y derecho al desarrollo de Cuba, y nuestro rechazo a la hostilidad promovida desde Washington y otros círculos extremistas…”

Yibrah es dinámico en la agrupación de graduados “hemos estado y estaremos al lado de Cuba”, manifiesta con orgullo de etiocubano, como cuando responde que siempre, al evocar a la querida nación antillana “pienso en Fidel y en todo el cariño que recibí de su pueblo”.

La admiración por la unidad y coraje de los cubanos late en este amigo, para el que la solidaridad es infinita, como lo confirma su hija que da los primeros pasos en la Escuela Latinoamericana de Medicina. Ella lleva el nombre de la heroína cubana CELIA Sánchez Manduley…

Por: Iliana García Giraldino Fotos: Karoly Emerson

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