La solidaridad suiza con Cuba honra el legado de Fidel Castro y entrega cheque de 100 mil francos (+Fotos)

Bajo el lema “Fidel vive”, la Asociación Suiza-Cuba y la Embajada de Cuba en Suiza celebraron este jueves una conmemoración cargada de emotividad y compromiso con motivo del noveno aniversario del fallecimiento del Comandante Fidel Castro Ruz. El acto, celebrado en Berna, entretejió el recuerdo del líder histórico con una muestra tangible de solidaridad internacionalista, materializada en una significativa donación para las víctimas del huracán Melissa.

La velada sirvió como un puente entre el legado de la Revolución Cubana y el sostenido apoyo del movimiento de solidaridad en Europa.

Un recorrido por la memoria y el compromiso

El evento comenzó con la entonación colectiva de la «Bayamesa», himno de lucha y patriotismo cubano, que ambientó un espacio de reflexión. Posteriormente, se proyectó el conmovedor video musical «Cabalgando con Fidel», una composición del trovador Raúl Torres que homenajea al Comandante y que, desde su estreno, se ha convertido en un símbolo cultural de la permanencia de Fidel en el imaginario popular.

La Embajadora de Cuba en Suiza, Laura Ivet Pujol Torres, se dirigió a los presentes con palabras que recorrieron la vida y el ejemplo de Fidel como faro de dignidad y resistencia. Su intervención conectó profundamente con el auditorio, recordando que el líder cubano enseñó que “los principios no se negocian, que la Patria se defiende con amor y con coraje”.

La solidaridad en acción: Un cheque contra el huracán

El momento cumbre de la jornada fue la entrega simbólica de un cheque por 100.000 francos suizos, recaudados de manera conjunta por las organizaciones Medicuba-Suiza, Medicuba-Europa, Ayuda Médica para Centroamérica (AMCA) y la Asociación Suiza-Cuba. Esta donación está destinada específicamente a apoyar la recuperación de las zonas del oriente de Cuba afectadas por el reciente y devastador huracán Melissa.

Esta acción se enmarca en un amplio movimiento de apoyo internacional del que Suiza es parte activa. Recientemente, la carga de un contenedor completo con suministros vitales en Zúrich, gestionado por la empresa AINEX Services y diversas asociaciones solidarias, es otra muestra de este compromiso continuo.

Un micrófono abierto para Fidel

Tras la actuación del músico Carlos Díaz, un “micrófono abierto” ofreció a los asistentes la oportunidad de compartir anécdotas y reflexiones. Un activista de la Asociación Suiza-Cuba captó la esencia del sentimiento predominante al afirmar: “Quien escuchó el discurso y pudo experimentar el carisma de Fidel, para él y para ella, la fascinación se convirtió definitivamente en una hermosa obligación de solidaridad con Cuba”.

El mismo activista, citando al propio Fidel del 1 de enero de 1994, recordó: “Es fácil ser revolucionario en tiempos fáciles, pero no es fácil ser revolucionario en tiempos difíciles. Nosotros, los que estamos aquí reunidos, somos revolucionarios en tiempos difíciles”. Esta frase resonó con fuerza como un llamado a “vivir activamente la unidad y la cohesión que Fidel siempre ha defendido”, cerrando su intervención con un ferviente “¡Viva Cuba socialista! ¡Fidel vive!”.

La conmemoración concluyó con un brindis con mojitos, donde en un ambiente de camaradería se continuó profundizando en los lazos de amistad y el firme compromiso de continuar apoyando a Cuba y su Revolución, demostrando una vez más que la solidaridad trasciende las fronteras geográficas.

Palabras de la Embajadora de Cuba, Laura Pujol 

25.11.2025

Hoy, al cumplirse nueve años sin la presencia física de nuestro querido Comandante Fidel Castro, recordamos que su ausencia no significa silencio ni vacío. Fidel es más que un líder político: es conciencia, resistencia y esperanza. Su voz y sus ideas siguen latiendo, como brújula en tiempos de tormenta y sostén en las horas difíciles.

Fidel no surgió de la nada. No es un milagro ni un profeta. Su pensamiento y acción se nutre de una tradición universal y autóctona de una nación joven que ya había parido un Félix Varela, quien enseñó que primero había que aprender a pensar para ser libres, y que la educación y la justicia eran la base de la patria. Luego José Martí, quien nos legó la certeza de que la nación debía fundarse en la dignidad humana, la igualdad y el antimperialismo, defendiendo la soberanía frente a cualquier forma de dominación.

Fidel se reconoció heredero de esa línea histórica. En él confluyen la conciencia crítica de Varela, el humanismo y el independentismo de Martí, y la decisión de transformar esas ideas en realidad mediante la Revolución. Por eso, su legado se manifiesta en la educación gratuita, la salud universal y la defensa de la soberanía nacional, pilares que aún sostienen la identidad cubana. Pero Fidel no hubiese podido hacer nada si sus ideales no hubieran encontrado eco en la conciencia de todo un pueblo.

Y aunque estos principios suenan muy bien, incluso tal vez demasiado, intentar hacerlos prevalecer en un mundo donde el egoísmo nutre al capital y viceversa ha tenido un costo elevado para el pueblo cubano. Ese costo se refleja en sacrificios materiales, en tensiones políticas y en la dificultad de sostener un proyecto que desafía las lógicas dominantes del mercado global.

En estos nueve años se han arreciado de continuo las medidas coercitivas unilaterales, el cerco económico y mediático del gobierno de los Estados Unidos. La máquina de hacerlos pensar a todos igual se ensaña contra Cuba.

No podemos esperar que surja otro Fidel: la responsabilidad está en nosotros, la victoria está en nosotros. Y aunque no sepamos muy bien cómo, de nuestros padres y abuelos aprendimos que miedo no come miedo, y que podemos emanciparnos por nosotros mismos. Un día a la vez.

Resulta extraordinariamente difícil hablar de estas cosas en medio de apagones, epidemias y huracanes. Resulta extraordinariamente difícil no desesperarse ante la distancia que separa a la Cuba real de la cuba que intentamos. No olvidar que nosotros, que hoy en este momento difícil recibimos el abrazo solidario y generoso de los amigos de todo el mundo, solo estamos pasando por un muy mal momento. La solidaridad nosotros la damos, sobre los valores del internacionalismo nos constituimos. Nuestros nobles ideales son realizables y no estamos solos, ni locos, ni sobrepasados por la historia. En cambio, somos, incluso en nuestro peor momento, la esperanza del mundo.

El socialismo cubano es precisamente la síntesis de esa tradición y de esa resistencia. Es el intento de convertir en práctica las ideas de justicia, igualdad y dignidad humana que Varela y Martí soñaron, y que Fidel llevó a la realidad. Es la apuesta por un modelo donde la solidaridad prevalezca sobre el egoísmo, donde la soberanía se defienda frente al imperialismo, y donde la emancipación sea obra de los propios cubanos.

Fidel nos enseñó que la historia no se contempla: se construye con justicia, con igualdad y con la voluntad de un pueblo que no se rinde.

Para recordarlo, basta una frase: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!       

Tomado de Cubainformación

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