La comprendemos –explicó la exdirectora de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala- porque crecieron con esos principios de Martí, aprehendidos en las escuelas y que nosotros hacemos el intento por recuperarlo y difundirlo.
Actualmente tenemos esa solidaridad del pueblo cubano que la sentimos no solo como una expresión de los valientes médicos que vienen en esas jornadas a apoyar a este pueblo, remarcó.
Hemos tenido –enfatizó la investigadora del Centro de Estudios de las Culturas, una licenciatura de Historia, apoyada por la embajada de Cuba y la Universidad de La Habana.

Martí, por esos valores universales, por ese gran legado que nos dejó y por la congruencia de vida entre pensar y acción, al murir en batalla por la libertad de todo un país, su pensamiento fue, es y vive porque es revolucionario, dijo.
Torres detalló la estancia en la tierra del quetzal del joven de 24 años, de marzo de 1877 a julio de 1878, “un siglo muy convulso, pero de cambios profundos en todo el planeta”.
Aprovechó para reconocer el esfuerzo del país para lograr estas tres últimas publicaciones que son de la pluma, del talento y de la propuesta martiana (salieron antes “Lucía Jerez” y el ensayo “Guatemala”).
A juicio de la historiadora, Martí se identificó aquí plenamente con los movimientos liberales, reconstruye en sus propios discursos, analiza, interpreta y reflexiona sobre la economía cafetalera, entre otras.
Vive en la realidad y tiene esa concepción de que el pensamiento debe de ser integral y en eso que hoy llamamos las visiones holísticas en las ciencias sociales, se adelanta su época, puntualizó Torres. (PL)












