
Subrayó que el Sistema de Naciones Unidas actúa en este proceso bajo el principio rector de la Resolución 46/182 de la Asamblea General, que establece que la responsabilidad primaria de liderar la respuesta humanitaria corresponde al Estado afectado.
En este marco, el rol de la ONU es “acompañar, apoyar y fortalecer las acciones del gobierno, respetando su liderazgo. Este enfoque de colaboración ha permitido articular una respuesta ágil y coordinada, basada en dos instrumentos clave: el Plan de Acción en respuesta al Huracán Melissa, y el Marco de Acción Anticipatoria”.
Financiado con 4 millones de dólares del Fondo Central para la Respuesta a Emergencias (CERF), el Marco de Acción Anticipatoria marcó un hito en las acciones de respuesta, al permitir el preposicionamiento de ayuda antes del impacto del huracán.
“A través de este mecanismo se lograron preposicionar plantas purificadoras de agua en regiones de alto riesgo de escasez, alimentos para los centros de evacuación, kits de higiene, generadores eléctricos, entre otros insumos, en estrecha coordinación con el Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera (MINCEX) y varios ministerios y entidades nacionales.

Esta intervención temprana, posible gracias al diálogo técnico-científico permanente con las autoridades para prever de conjunto la acción anticipatoria, evitó crisis secundarias y aceleró la recuperación inicial, apuntó Pichón
Una vez pasado el huracán, se activó el Plan de Acciónen respuesta a la emergencia, un instrumento coordinado entre 11 agencias del sistema de la ONU —de un total de 23 presentes en Cuba—, que se focaliza en seis sectores críticos: vivienda y albergue, seguridad alimentaria y nutrición, educación, salud, agua y saneamiento, y logística.
La Habana, el plan tiene una meta de financiamiento de 74 millones de dólares, destinados a brindar asistencia directa a al menos un millón de personas afectadas. Hasta la fecha, se han obtenido compromisos por más de 11 millones de dólares, provenientes del Fondo Central de Emergencias de las Naciones Unidas (CERF), fondos propios de las agencias, y socios de cooperación como la Unión Europea, el Reino Unido y el gobierno de Corea.

El coordinador residente de ONU Cuba subrayó que el Plan de Acción es un instrumento dinámico, en constante actualización, conforme avanzan las evaluaciones de daños realizadas por las autoridades.
Si bien inicialmente se estimó que unos 2.2 millones de personas en 33 municipalidades sufrieron impactos directos o indirectos —de un total de 3.5 millones expuestos al fenómeno—, estas cifras se van refinando con información oficial del terreno, abundó.
Se reconoce, dijo, que muchas comunidades aún están siendo alcanzadas, y que las necesidades reales podrían ajustarse en las próximas semanas. Por ello, el Plan se considera “vivo”, capaz de adaptarse a la evolución de la situación sobre el terreno.

Pichón describió cómo el equipo de ONU pudo constatar en el terreno el avance en acciones concretas: restablecimiento gradual de servicios, saneamiento, y accesos a comunidades aisladas restablecidos. Además han sido desplegados grupos electrógenos para garantizar el suministro energético en centros de salud y puntos críticos.
Asimismo, señaló que se ha asegurado la llegada de alimentos a las personas evacuadas. “Estos avances, aunque significativos, son solo el inicio de un proceso complejo que requiere sostenibilidad y recursos adicionales.
En tal sentido, puntualizó que “quedan por movilizar 63 millones de dólares para responder plenamente a las necesidades identificadas en el Plan de Acción, especialmente en la reconstrucción de viviendas, rehabilitación de cultivos básicos, reparación de escuelas y hospitales, y restablecimiento de servicios esenciales.

Por su parte, Darío Álvarez, de OCHA, enfatizó que la eficiencia de la respuesta en Cuba obedece a factores únicos: la existencia de una estructura de gestión de riesgos clara, la capacidad técnica de las autoridades y la existencia de un diálogo constante basado en datos científicos.
«No siempre es así en otros contextos», señaló, «pero que el sistema esté bien estructurado aquí facilita las acciones de coordinación». Destacó también que cada necesidad expresada por la población —desde un techo roto hasta un colchón mojado— es legítima y forma parte del mapa de prioridades, porque en una emergencia, lo que parece pequeño puede tener un gran impacto humano.
Concluyó que, más allá de la asistencia material, “el haber tenido un saldo cero de víctimas ante una emergencia de estas características habla de un sistema de protección a la población muy efectivo, que, acompañaremos en la búsqueda de nuevos recursos para seguir asistiendo a la población más afectada”. (Pl)












